Una vida dedicada a nuestra comunidad: Entrevista con Bettina Wolff

Tras 12 años de un liderazgo marcado por la empatía, la cercanía y la búsqueda constante de la excelencia, la Sra. Bettina Wolff concluye su periodo como presidenta del Directorio de la Corporación del Colegio Alemán de Valparaíso. Su historia con nuestra institución trasciende su gestión directiva: ha sido alumna, colaboradora en Prebásica (actualmente Ciclo Inicial) y Admisión, apoderada y, hoy en día, abuela de nuestros estudiantes. En la siguiente entrevista, repasa su trayectoria, reflexiona sobre los logros académicos y humanos de su gestión, y comparte su emotiva visión sobre el presente y futuro de nuestra comunidad educativa.

I. Un vínculo de toda la vida

Desde su época como alumna, su etapa como apoderada, su trabajo en el colegio y hoy como abuela, usted ha vivido la institución desde múltiples facetas. ¿Qué significa para usted este colegio y cómo ha visto su evolución a lo largo de los años?

Cuando mi padre me dijo, a los 14 años, que me cambiaría del colegio en el que había estudiado hasta entonces al Colegio Alemán de Valparaíso, no imaginé que ese sería uno de los cambios más significativos de mi vida. Como alumna encontré ahí mis mejores amigos hasta hoy, además de profesores alemanes que marcaron mi formación, y una diversidad de personas y culturas que fue moldeando mi identidad.

Años más tarde tuve la oportunidad de vivir el colegio desde otra vereda: trabajé en la Prebásica, principalmente en la admisión de alumnos nuevos y en labores de organización, siendo una especie de relacionadora pública de esa etapa tan importante para las familias que recién llegaban. Esa experiencia me permitió conocer la institución desde dentro y valorar aún más el compromiso y la calidez con que se recibe a cada nueva generación.

Como apoderada, quise para mis hijos aquello que había encontrado siendo alumna, y hoy, como abuela, me alegra profundamente que ellos, a su vez, lo busquen para sus propios hijos. Ver esta cadena de generaciones eligiendo el mismo colegio es, sin duda, una de las mayores satisfacciones que me ha dado esta institución.

Han cambiado los tiempos y la educación se ha vuelto más compleja, pero en mayor o menor medida se conserva ese «no sé qué» que nos hace diferentes, esa esencia que espero perdure a través de los años.

Se recuerda con especial afecto su paso por la Prebásica (hoy Ciclo Inicial). ¿Qué aprendizajes o recuerdos de esa cercanía con los más pequeños y las nuevas familias marcaron su sello al asumir la gestión del Directorio?

Trabajar en prebásica fue mi mejor aprendizaje. El trabajo con los más pequeños y sus padres, las conversaciones con eventuales apoderados, siempre hablando desde el corazón y convencida de que éste es el mejor colegio, forjó mi manera de acercarme a las personas: siempre con respeto y con conciencia de mi lugar en el colegio. Me ayudó a entender lo que buscan los padres, lo que los motiva, lo que los angustia y lo que les preocupa. Quizá suene arrogante decirlo, pero aprendí a ponerme en el lugar del otro y a escuchar.

II. Liderazgo, tradición y visión

Su liderazgo se ha caracterizado por la empatía y el trabajo cercano con rectores, equipos y colaboradores. ¿Cuál diría que fue su premisa principal al guiar los destinos de la institución durante estos años?

Si tuviera que resumir mi premisa principal en pocas palabras, sería: escuchar, confiar y dejar hacer.

Escuchar de verdad —no solo las palabras, sino lo que no se dice, el ambiente, lo que hay detrás— ha sido para mí el punto de partida de todo. Me gusta mucho conversar con personas que piensan distinto a mí, porque eso me permite entender mejor sus motivaciones y ampliar mi propia mirada.

A partir de esa escucha viene lo segundo: confiar. Y no me refiero a una confianza que hay que ganarse paso a paso, sino a entregarla primero, como punto de partida. Creo firmemente en abrir puertas y en confiar en las personas antes de que tengan que demostrarme algo.

Y finalmente, dejar hacer. Porque confiar sin dejar hacer es solo una palabra vacía. Dejar que cada persona despliegue su propio criterio, su forma de trabajar, sin controlar cada paso, es lo que realmente permite que un equipo crezca y se sienta dueño de lo que hace.

Todo esto, sostenido siempre por valores que para mí son intransables: la transparencia, la sinceridad, la amabilidad y el respeto por cada persona que trabaja en el colegio.

Nuestro colegio combina 169 años de historia con una propuesta pedagógica de vanguardia (Método de Inmersión, Programa IB, Humanidades e Intercambios con Alemania). ¿Cómo se logra equilibrar el respeto por nuestras raíces alemanas con la proyección hacia el futuro?

Estoy convencida de que no debemos olvidar nuestras raíces, nuestros sencillos comienzos. A lo largo de estos 169 años, la historia de Alemania ha cambiado y, sin embargo, nuestro colegio ha sabido tomar lo mejor de su pueblo y su cultura y proyectarlo en las aulas. Si ha sido bueno, si de nuestras salas de clases han salido muchísimas generaciones que han aportado a Chile, ¿por qué no continuar con nuestro sello y nuestra característica?

El equilibrio se logra distinguiendo con claridad qué es esencia y qué es forma. La esencia —nuestra identidad, nuestros valores, el idioma alemán como parte viva de la comunidad, la relación con Alemania— no se negocia. La forma —los programas, las metodologías, las herramientas pedagógicas— sí puede y debe evolucionar con los tiempos.

Por eso el Método de Inmersión no es solo una técnica de enseñanza de idioma: es el vehículo que mantiene vivo el vínculo cultural desde los primeros años. El Programa IB no reemplaza nuestra identidad, la amplía, dándole a nuestros estudiantes una mirada internacional y un pensamiento crítico que los prepara para el mundo sin desarraigarlos de su historia. Las Humanidades sostienen algo profundamente ligado a la tradición pedagógica alemana: la formación integral de la persona, no solo del estudiante. Y los intercambios con Alemania son quizás el ejemplo más claro de este equilibrio: no miran hacia un pasado congelado, sino que renuevan constantemente el vínculo con la Alemania actual, viva y en movimiento.

Merece la pena y ha sido exitoso. Podemos mejorarlo incorporando planes y proyectos de vanguardia, pero conservando la esencia. No se trata de elegir entre tradición y modernidad, sino de usar la tradición como raíz que sostiene y nutre las nuevas ramas que el colegio va desarrollando.

III. Logros y balance de gestión

Este año se han alcanzado hitos de gran relevancia, como la renovación del sello de excelencia por la Bund-Länder-Inspektion (BLI), destacados resultados PAES y el 100% de diplomados en el GIB de IV° Medio. ¿Qué reflexión le genera ver consolidarse estos logros al momento de dejar la presidencia?

Estoy feliz. Ver consolidados los logros de este período como presidenta del directorio me llena de una satisfacción profunda, porque sé que nada de esto fue obra de una sola persona. Pienso que lo logrado es parte de un trabajo en equipo, de entender que nadie es capaz de alcanzar el éxito solo.

Acá se ve reflejado el trabajo de profesores, directivos y administrativos, y también el de un directorio que supo dejar hacer: entregando lineamientos y estructura, brindando seguridad y confianza, pero dejando siempre la libertad de acción dentro del margen que construimos juntos. Esa combinación —de tener claridad en el rumbo, pero espacio para que cada uno aportara desde su rol— fue, creo, una de las claves de lo que hoy podemos mostrar como resultado.

Y hay algo que valoro especialmente en este momento: irme no en medio de una crisis, sino cuando hemos logrado éxitos. Eso le da un sentido distinto a esta despedida. No es lo mismo dejar un cargo por desgaste, que hacerlo habiendo visto los frutos de un trabajo sostenido en el tiempo, con la certeza de que las bases quedan firmes para quien continúe.

Cierro este ciclo con la alegría de lo construido, con el orgullo de haber sido parte de un equipo que confió y en el que he confiado, y con la tranquilidad de saber que el camino recorrido queda como cimiento para lo que viene.

Tras 13 años en el Directorio y 12 años como Presidente, ¿Cuál considera que fue su mayor reto y cuál su mayor satisfacción personal durante este tiempo?

Enfrenté principalmente dos grandes desafíos. El primero fue ganarme la confianza de los profesores: me conocían como parte del equipo de prebásica, pero difícilmente imaginaban que llegaría a presidir el directorio. El segundo, mucho más complejo, fueron las dificultades con la ZfA (Oficina Central para Colegios Alemanes en el Extranjero), la rectoría y el propio directorio durante la crisis de 2014 a 2017 —un período muy duro, desolador y, en muchos momentos, solitario.

Mi mayor satisfacción es ver el colegio que tenemos hoy: un plan de desarrollo estratégico sólido, un gobierno corporativo consolidado, un equipo profesional de excelencia y proyectos claros a futuro. Ya no partimos desde estar caídos, sino desde una base sólida que nos permite seguir creciendo. Hoy somos un referente positivo, incluso admirado.

IV. Mensaje a la comunidad

¿Cómo sueña el colegio para las próximas décadas y qué mensaje o deseo le gustaría dejar a las futuras generaciones de alumnos, familias y directivos?

Siento que el sistema educativo de hoy deja poco espacio para soñar —al menos, para soñar con libertad— porque está cada vez más regulado. Si de mí dependiera, querría más tiempo de conversación entre profesores y alumnos, más recreos compartidos, más caminatas y paseos, más juego libre. Querría que nuestros niños pudieran arreglar sus diferencias entre pares sin la intervención inmediata de los adultos, aprendiendo desde pequeños a escuchar, a ceder, a reconciliarse.

Sueño con alumnos que no le teman al fracaso, que entiendan que las caídas nos hacen fuertes y que equivocarse es, en el fondo, una forma de aprender. Quiero formar personas sanas, comprometidas e involucradas con su entorno y con los demás.

A los padres y apoderados los invitaría a ser parte de este sueño. A estar presentes en el juego de sus hijos, no solo en sus resultados. A compartir con nosotros la tarea de formarlos, entendiendo que la educación de un niño es un trabajo conjunto entre familia y colegio, nunca uno solo de los dos.

Les pediría confianza: confianza en el colegio, en su proyecto educativo, y sobre todo, confianza en sus propios hijos y en su capacidad de crecer también a través del error y la dificultad. Cuando dejamos que un niño resuelva su propio conflicto, que se levante después de una caída, que enfrente una frustración sin que corramos a rescatarlo, le estamos regalando algo mucho más valioso que la protección inmediata: le estamos regalando confianza en sí mismo.

Debemos trabajar juntos, en armonía, por los niños que soñamos formar.

En nombre de toda la comunidad educativa, agradecemos a Bettina Wolff su tiempo para esta conversación y reconocemos su valiosa trayectoria al mando del Directorio. Le deseamos un futuro lleno de éxitos en sus nuevos caminos

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